Editoriales

Heterodoxia, pluralismo y pensamiento crítico. Cambiar la economía desde adentro

¿Para qué estudiar economía, si no nos dice nada de lo que pasa en la calle? ¿No era una ciencia que trataba de temas sociales? ¿En qué momento discutimos sobre la coyuntura? El primer movimiento es -casi siempre- desde el agotamiento. En las trayectorias de formación de jóvenes economistas suele aparecer un momento bisagra, donde esta clase de preguntas irrumpe con la fuerza de la razón. La ciencia económica, tal como está estructurada en el mundo Occidental, bajo el evidente predominio de una corriente principal, parece decir muy poco del mundo que vivimos. Y aunque suele vivirse este momento de duda como una angustia personal, no se trata de un problema individual.

Heterodoxia, pluralismo y pensamiento crítico. Cambiar la economía desde adentro

Hemisferio Izquierdo, 12 Jul 2017

| Por: Facundo Barrera Insua, Francisco J. Cantamutto y Estefanía Galván*

El páramo neoliberal

El hastío es mayúsculo: ¿para qué estudiar economía, si no nos dice nada de lo que pasa en la calle? ¿No era una ciencia que trataba de temas sociales? ¿En qué momento discutimos sobre la coyuntura? El primer movimiento es -casi siempre- desde el agotamiento. En las trayectorias de formación de jóvenes economistas suele aparecer un momento visagra, donde esta clase de preguntas irrumpe con la fuerza de la razón. La ciencia económica, tal como está estructurada en el mundo Occidental, bajo el evidente predominio de una corriente principal, parece decir muy poco del mundo que vivimos. Y aunque suele vivirse este momento de duda como una angustia personal, no se trata de un problema individual.

Con el estallido de la crisis mundial, que la economía mainstream no supo prever ni explicar, se hicieron conocidas las quejas de estudiantes de centros de formación prestigiosos. Así, por ejemplo, en 2011, se levantó el curso de Harvard del famoso Gregory Mankiw, y en Cambridge (Reino Unido) se conformó el grupo de Manchester, en ambos casos criticando las serias limitaciones de las teorías que se revisaban en clases. Una década antes, en el año 2000, ya había ocurrido algo parecido cuando protestaron en la École Normale Supérieure de Francia contra la “esquizofrenia” entre teoría y realidad, conformando luego la red de Economía Post Autista, luego llamados Economía del Mundo Real. Antes aún, por poner solo algunos ejemplos más, ya en 1988 la Asociación Americana de Economía (Estados Unidos) dictaminó los problemas de la formación de sus propios profesionales –diciendo que eran muy hábiles en técnicas, pero más bien ignorantes de los hechos económicos concretos-, y en 1993, se creó en Reino Unido la Confederación Internacional de Asociaciones por el Pluralismo en Economía. Como se ve, incluso en los países que son centros de irradiación de teorías –en forma de publicaciones, manuales, becas, universidades prestigiosas, etc.- el cansancio reaparece con argumentos parecidos.

Es que la ciencia económica ha sido degradada. En las últimas décadas, y acorde con la transformación mundial iniciada en los años ’70, esta ciencia ha jugado un rol clave en la conformación de nuevos saberes y sentidos comunes. No en vano otras ciencias sociales han reaccionado ante lo que perciben –no sin argumentos- como una colonización. Pero la economía ha sufrido a su propia vez este cambio, en su interior, ante la presencia cada vez más excluyente de un cuerpo bastante restringido de teorías alineadas en un mismo enfoque: el neoclásico o marginalista, lo que hacia afuera de la disciplina se conoce como neoliberalismo. Para lograr aplicar las reformas estructurales, no alcanzaba con la fuerza y el autoritarismo –que es como se iniciaron estas reformas en nuestros países: bajo dictaduras. Era necesario conquistar el sentido común, y esa disputa era clave para que esta auténtica ofensiva de clase tuviera posibilidades de sostenerse en el tiempo, cuando los autoritarismos tambalearan. Por eso, avanzar sobre la formación de los y las profesionales en las ciencias sociales, y en particular, en la economía, era un objetivo clave para difundir no solo teorías, modelos y recomendaciones de políticas, sino más aún, dar forma a un sentido común. En el descomunal y deliberado esfuerzo por lograr esto, las currículas de formación de economistas se vieron fuertemente alteradas, quitando lugar a enfoques heterodoxos, perspectivas críticas y análisis arraigados en la historia.

El paso por la etapa de formación es clave. Las ideas y análisis allí aprendidos serán un herramental básico que se utilizará en adelante en la vida profesional. Son pocas las personas que luego de esta etapa dispondrán del interés y el tiempo para incorporar nuevas herramientas para comprender los procesos económicos. E incluso así, no pocas veces aparecerán como correcciones a lo que se considera la “verdadera” economía. Por eso decimos que se ha degradado a la economía: cada vez más pierde carácter científico, al volverse la reiteración sistemática de las mismas ideas. Eso se parece más la ideología –basada en la repetición de un canon- que a la ciencia, que requiere de la confrontación de teorías y enfoques diversos. La formación bajo una sola mirada de la economía incluye debates internos, que generan la ilusión de pluralidad, angostando severamente el rango de opciones. En la mayoría de las universidades no se enseña economía; se impartía y se imparte economía neoclásica.

Pero debe quedar claro: aunque esto es un problema grave para quienes se dedicarán a la investigación o la academia (que además deben enfrentar la aplastante mayoría de publicaciones que reiteran esta misma perspectiva), su efecto no se agota ahí. Habiendo revisado una y otra vez a lo largo de los años las mismas ideas en las clases, en los manuales, en las revistas académicas, el resultado más probable es suponer que entonces de eso se trata la economía.

Entonces, es con esa perspectiva que jóvenes economistas realizarán sus análisis de coyuntura, sus notas periodísticas, sus recomendaciones de políticas públicas. Las ideas se despliegan, pero ya sin necesidad de recurrir a la fuerza. Por supuesto, hablamos de grandes procesos sociales, pues siempre hay personas con voluntad (y tiempo) que buscan alternativas. Pero justamente, no podemos dejar librado al esfuerzo individual la corrección de esta formación ideologizada. Menos en países como los nuestros, donde la formación universitaria es pública: el pueblo no puede pagar por (de)formar profesionales, esperando que luego se auto-corrijan.

Insistimos una vez más: hoy la economía permanece demarcada por la agenda neoliberal, adopta sus esquemas de representación de la realidad, sus problemas y soluciones como la única versión de lo que constituye el saber económico. Esta formación impacta más allá de las paredes de las aulas, cuando economistas opinan públicamente, promueven y justifican políticas públicas conservadoras, reproduciendo como un sentido común lo que es en realidad una mirada política e ideológica de la realidad.

La Sociedad de Economía Crítica como alternativa

Resistiendo a esto, hace algunos años ya, también en estas latitudes empezamos a organizarnos, para dar una respuesta que no fuera individual, sino colectiva.

No empezamos de cero. Valientes militantes habían mantenido algunos nichos de pensamiento crítico en diferentes facultades, institutos y universidades, aunque quizás aún de forma relativamente aislada. Comenzando a tejer vínculos se fundaron en 1997, de manera simultánea, las Escuelas de Economía Política de la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad de Buenos Aires, con el objeto de abrir espacios de formación en contenidos y perspectivas que las facultades literalmente abandonaban. Durante 10 años, las “escuelitas” realizaron un sinnúmero de talleres, seminarios, cursos, grupos de estudio sobre temáticas diversas, incorporando autores y autoras heterodoxas, algunas que no reciben siquiera una mención en las currículas, y otros de los que apenas se conocen sus nombres (como Karl Marx, nada más y nada menos). La autoorganización aparecía como una respuesta.

Aunque impulsadas por razones de ser semejantes y con búsquedas comunes, hasta allí habían transitado caminos paralelos. Y rumbo al décimo aniversario se abrió un tiempo de balances y desafíos: allí se impuso la necesidad de pensar más allá de las propias facultades, coordinar acciones, buscar otras experiencias en otras ciudades. Para construir ese espacio común, se organizó una primera jornada de economía no destinada a “especialistas”, que permitiera debatir trabajos que no se ordenaran dentro del cuerpo teórico y metodológico neoclásico. Algo tan simple como esto no existía en aquel tiempo, y así llegamos a las primeras Jornadas de Economía Crítica (JEC), realizadas en 2007 en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires. Y probaron leer una necesidad.

La crítica al estado de las cosas crecía. Diversos grupos heterodoxos y críticos de otras ciudades de la Argentina escucharon el llamado. Rosario y Bahía Blanca se sumaron primero, y el eco siguió resonando al incorporarse Córdoba y Santa Fe, por nombrar sin ser exhaustivos. Otros grupos se seguirían sumando luego. Traían trayectorias diversas, algunas vinculadas a organizaciones sociales, otras a sindicatos, la mayoría con un gran componente estudiantil. En el 2002 se había creado la Licenciatura en Economía Política de la Universidad Nacional de General Sarmiento, un ruido en medio del páramo de la disciplina. Sus docentes y estudiantes empezaban a resonar. En 2005 se había constituido la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico (SEPLA), una red regional que trabajaba por vincular la economía a las disputas políticas, desde una mirada militante. Las JEC se ubicaron en un momento justo para convocar diferentes iniciativas, enfocándose como un congreso con méritos académicos pero con una perspectiva plural.

Desde su primera edición, las JEC se han caracterizado por aportar a la construcción de conocimiento desde una perspectiva plural. Defendemos la construcción, promoción y consolidación de todas las concepciones que entiendan a la economía como una ciencia social, incluyendo por ello a otras disciplinas que estudian la sociedad. Se fomentan deliberadamente reflexiones alternativas a aquellas que consideran a la economía como una ciencia dura, reivindicando la capacidad explicativa del holismo metodológico y la historicidad de los fenómenos sociales. Y en este plano, también se defiende como prioridad la pluralidad de enfoques de Economía Política: las JEC no defienden una única alternativa posible frente al reinado déspota neoclásico; sino la necesidad de contar con alternativas teórico-políticas para abordar los debates económicos y sociales actuales. Las mesas centrales y paneles buscan siempre defender esta amplitud de perspectivas como un valor en sí mismo.

Las JEC son desde su inicio y como definición jornadas de carácter público y gratuito. Entendemos que la ciencia y la educación no deben ser un negocio, y no podemos construir democráticamente si existen barreras –económicas- en el acceso a ideas. Es otro detalle que parece simple, pero marca una diferencia clave con otras jornadas que imponen cuotas prohibitivas, reflejando su carácter excluyente.

Evidentemente, esto llamó la atención. Cada año, se reúne una nutrida cantidad a estudiantes, docentes e investigadoras/es de todo el país y del exterior, que ha alcanzado mil participantes en varias oportunidades, que intercambian análisis sobre los problemas contemporáneos, en la búsqueda por generar propuestas de intervención no sólo en la esfera académica, sino sobre todo en el plano económico-social. Muchos grupos de trabajo e investigación han elegido las JEC como un espacio para reunirse anualmente a debatir, a través de simposios específicamente abiertos para ello. En diversas universidades se fueron conformado organizaciones de base –que llamamos regionales- que dan continuidad a los debates de las JEC en los espacios territoriales. Cada organización regional tiene plena autonomía y perfiles de acción muy diversos, pero compartimos un interés común: aportar a una economía crítica, que nos permita comprender nuestra realidad cabalmente para así poder actuar en transformarla en una sociedad mejor.

Esto incluye al caso de Uruguay, cuya presencia colectiva a través del Espacio de Economía Crítica (EEC), puso en debate la nacionalidad original del espacio. El EEC tiene como antecedente la Comisión de Economía Alternativa que funcionaba en la órbita del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas y Administración (CECEA). Luego de que un grupo de compañeros de la licenciatura en economía de la UdelaR con ciertos intereses y preocupaciones en torno a la búsqueda de una economía más plural, se organizaran para asistir a las III JECs en Rosario, se decidió crear un ámbito para debatir, formarnos y reflexionar en torno a la construcción del pensamiento crítico y abierto a la integración de estudiantes, docentes y egresados de otras disciplinas sociales. El EEC se delimitó en torno a dos coordenadas: en el plano de las ideas, un enfoque de la economía como ciencia social, en la búsqueda permanente de conocimientos superadores, lo que incluye replantear nuestras propias convicciones; y en el plano de la acción, el compromiso con los sectores populares, entender la realidad para transformarla. Luego de las IV JECs en 2011 el EEC se integró al grupo de regionales organizadoras de las JECs.

Los ámbitos académicos y científicos que buscamos transformar tanto en Argentina como en Uruguay, tienen políticas nacionales (los ejemplos van desde las políticas educativas o científicas, hasta los subsidios destinados a eventos o la indexación de revistas académicas). Hasta la aparición de los compañeros y compañeras uruguayas, dichas condiciones habían implicado construir una organización intrafronteras. Fue un paso importante lograr repensarlo, cuestionarnos, entender que los desafíos que enfrentábamos eran semejantes y nuestras posibilidades de transformación se hacían mayores si avanzábamos juntos.

Además de servir de espacio de reunión científica, con temas de agenda que van variando anualmente, existe un trabajo sistemático sobre la formación. Ya en 2010 se realizó el Encuentro Nacional de discusión sobre Planes de Estudio de las Carreras de Economía en Mar del Plata, donde se llegó a una síntesis de 7 documentos de análisis de carreras de economía de universidades públicas, elaborando el documento sobre Análisis de los Planes de Estudio de Economía de Argentina. El documento cerraba diciendo que había que “revalorizar el papel de la crítica en la formación, como el estudio de los límites de las alternativas teóricas.”. En esa línea, nos integramos en 2014 a la Iniciativa Internacional de Estudiantes por el Pluralismo en Economía (ISIPE), de la cual participan unas 82 organizaciones de más de 30 países.En junio de 2013 dimos un paso formal muy importante, al lanzar la Sociedad de Economía Crítica de Argentina y Uruguay (SEC). Se realizaron actos de presentación en simultáneo en tres ciudades argentinas (Córdoba, La Plata y Mendoza), contando con la participación de más de 400 personas. Después de conformada, la SEC se integró también a la SEPLA, dando fuerza al vínculo regional.

En 2014 logramos otro salto cualitativo, cuando lanzamos nuestra revista académica, Cuadernos de Economía Crítica. Con un enfoque de ciencias sociales, aunque especializada en temas de economía, aparece cada seis meses y tiene carácter abierto, favoreciendo el acceso al conocimiento. Nuestro objetivo principal es el debate de los problemas económicos que enfrentan los países de América Latina desde una perspectiva multidisciplinaria, crítica de los enfoques ortodoxos, y rigurosa. A tres años de existencia, CEC alcanzó ya diversos estándares de acreditación internacional, lo que la posiciona como un espacio plural reconocido como válido por el propio sistema académico. Esto es importante, toda vez que nos importa favorecer la publicación de material crítico, disponible para el debate y la formación, así como garantizar que estos esfuerzos sirvan para que docentes e investigadores/as heterodoxos puedan crecer dentro de nuestros sistemas científicos.

Dado que en nuestro diagnóstico entendemos que la labor académica es parte de una realidad más amplia, que se ve afectada por intereses y disputas que dominan a toda la sociedad, la SEC refuerza las iniciativas de las diferentes regionales orientadas a incidir en el ámbito que se insertan: charlas abiertas, notas periodísticas, jornadas de formación, talleres de capacitación y definiciones públicas sobre los temas de actualidad e interés. Estas son apenas una parte del despliegue de intervenciones en las que trabajamos como SEC. Sabemos que nuestra disputa es parte de los debates y las luchas que se dan en la sociedad, y por eso mismo queremos aportar a otros actores y organizaciones que pelean por una sociedad más justa.

Los años han pasado, y el diagnóstico original parece sostenerse. Las inercias institucionales y la reproducción sistemática de ideas en el espacio público siguen reforzando formas neoliberales de entender la sociedad. La economía sigue siendo parcialmente responsable por esto. Pero se han abierto resquicios de aire fresco, y los cuestionamientos se multiplican, erosionando esos sentidos comunes construidos. La SEC se erige como un espacio de confluencia para ese objetivo, instrumentando diferentes iniciativas. Cuánto de ello hemos efectivamente logrado sería materia de elaboración colectiva, pero algo hemos logrado: sembrar la duda, abrir el debate.

No defendemos la existencia de una única alternativa, sino por una formación que incluya otras miradas, de la economía y de otras ciencias sociales, puestas en diálogo y confrontación. La heterodoxia es amplia y le damos la bienvenida en el debate, porque así es cómo se construyen alternativas. La única forma de fortalecer las herramientas teóricas y políticas que elijamos es someterlas a prueba con otras diferentes. Y por supuesto, una mirada crítica no puede dejar de aceptar que el problema no es sólo académico-intelectual, sino que implica a la sociedad misma. Sea la SEC, entonces, parte de ese cambio social más amplio.

* Facundo Barrera Insua, Francisco J. Cantamutto y Estefanía Galván son economistas, integrantes de la Sociedad de Economía Crítica (SEC).