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El próximo apartado despliega este marco conceptual. El siguiente, mues-
tra e interpreta la mecánica de pruebas y errores que atravesó a distintas
políticas signicativas de la alianza Cambiemos. Por último, se sintetizan los
resultados del trabajo y se propone una nueva hipótesis conceptual. Así, el
artículo plantea una “retroducción” entre ideas y pruebas empíricas (Ragin,
2007). Desde el punto de vista metodológico, este diálogo está sostenido
por una triangulación de métodos y técnicas de recolección y análisis de
datos. Además del trabajo con la literatura cientíca, construimos un cor-
pus normativo y analizamos cualitativamente un conjunto de documentos y
resoluciones ociales. También empleamos distintos archivos periodísticos
con nes documentales. En lo que respecta al análisis de naturaleza cuan-
titativa, recurrimos a datos estadísticos brutos o elaborados, suministrados
tanto por fuentes ociales, como por distintos capitales del sector.
1. Mecanismo ensayo-error
¿Por qué el Estado modula su movimiento a través del mecanismo “ensa-
yo-error” (Álvarez Huwiler y Bonnet, 2022b; Holloway, 1993; Wirth, 2017)? Por
la misma razón por la cual es capitalista, sin ser un instrumento en manos de
la clase dominante. El Estado es una forma política particularizada (Hirsch,
2017), diferente de la forma económica de la relación capitalista, pero idéntica
a ella como expresión de una única realidad de subordinación del trabajo al
capital. Esta armación dota de distintos signicados al hecho estatal:
(1) Es un momento de la reproducción social (Clarke, 1991), ligado a ella
por su estructura y sus funciones. En la sociedad capitalista, las personas
se individualizan como propietarios en competencia, se enfrentan como
clases antagonistas y se agrupan e identican frente a distintas opresio-
nes –el patriarcado, el racismo, el nacionalismo–. Así como el valor exte-
rioriza y objetiva el carácter social del trabajo (Rubin, 1974), el Estado es la
mediación política que proporciona (algún tipo de) unidad a una sociedad
en la que los asuntos comunes no pueden resolverse mediante acuerdos
conscientes y directos entre sus miembros (Hirsch y Kannankulam, 2011);
(2) Es una objetivación enfrentada a la sociedad, que sanciona y a la vez
estructura principios que moldean representaciones y comportamientos
de los individuos;
(3) Es un proceso (Ollman, 2003) mediado por las acciones de los su-
jetos en sus relaciones contradictorias de explotación y de competencia,
por lo tanto, un proceso no funcional sino inestable e incierto.
Como momento, la forma política está inscripta en una reproducción anár-
quica, espoleada por crisis y propensa a periódicas reestructuraciones (Hir-
sch, 2017; Mattick, 2013), que se explica por la separación de las condiciones
particulares y generales de la producción, así como por las compulsiones
de la acumulación y la proliferación de todo tipo de conictos. Como media-
Diego Pérez Roig
ción necesaria para preservar la cohesión de la sociedad capitalista (Poulant-
zas, 2001), la intervención estatal se encuentra sometida a una contradicción
fundamental. Por un lado, asume la forma de un poder público exterior, que
enfrenta a sujetos jurídicamente idénticos y libres en tanto propietarios de
mercancías y súbditos (Hirsch, 2017; Piva, 2012). Pero, por el otro, su conteni-
do tiende a la organización de la dominación de clase, entendida simultánea-
mente como: (a) la superación de las respuestas anárquicas, descoordinadas y
“desarmadas” de los capitales al desafío obrero (Piva, 2012); (b) la articulación
de un dominio integral del capital sobre la sociedad (Negri, 1992; Wirth, 2017).
La supervivencia del Estado capitalista depende de la reconciliación diná-
mica de esta doble determinación: debe sostener su particularización para
recomponer a la sociedad como un todo, allende sus innitos intereses
particulares, aunque él mismo se encuentra enraizado en el modo en que
esa sociedad organiza el trabajo social y se reproduce materialmente. En
regímenes democráticos, esta dualidad del poder político se expresa en un
compromiso objetivo con la acumulación de capital y aquellos intereses que
constituyen a los capitales en tanto clase, pero que se encuentra mediado,
a su vez, por procesos políticos que rearman la lealtad de masas al Estado,
legitiman la dominación y contribuyen a negar sistemáticamente su natura-
leza clasista (Habermas, 1999; O’Connor, 1974; Oe, 1984). Las funciones de
acumulación y legitimación atraviesan al Estado y al conjunto de sus políti-
cas, en el marco de tendencias a la crisis que tornan objetiva la emergencia
de una contradicción entre ambas.
Como objetivación, la forma política se condensa institucionalmente en un
aparato de dominación abstracta e impersonal, en el que reverbera la misma
abstracción e impersonalidad del mercado, y cuyo medio especíco es el
ejercicio del monopolio de la violencia legítima (Weber, 2008). Sin embargo,
la conexión entre el establecimiento de relaciones capitalistas de explota-
ción y la formación del Estado moderno no es causal sino histórica, lo cual
implica que forma política y conguración institucional no son términos idén-
ticos y no pueden derivarse uno del otro, sino que mantienen una relación de
mutua correspondencia y contradicción (Hirsch y Kannankulam, 2011). Como
aparato concentrado de coerción y hallándose sustraído de los imperativos
directos de la competencia, el Estado puede reunir los medios necesarios
para reorganizar sistemáticamente el proceso capitalista de reproducción
social. Ahora bien, su propia materialidad es, asimismo, el locus en el que
campea el personal estatal, categoría social que encarna aquella naturaleza
de la dominación, pero que también desarrolla intereses especícos y no
siempre convergentes con las exigencias de la acumulación (Álvarez Huwi-
ler y Bonnet, 2022b; Hirsch, 2017; Piva, 2012).
Como proceso, la forma política está constituida y se desenvuelve precaria-
mente a través de una dinámica contenciosa. Ello transforma al Estado en
un hecho no monolítico sino abierto, cualidad que es al mismo tiempo límite
La política hidrocarburífera de la alianza Cambiemos como proceso de ensayo-error